
En el verano todo parece mucho mas posible, se alteran las rutinas, se aceptan desafíos, se descubren amigos, estamos abiertos a los amores pasajeros, las nuevas ideas, los reciclajes del alma.
En definitiva el verano es un ciclo que transcurre con su propio reloj de arena, como una función continuada de días y noches interminables que quisiera no pararse jamás.
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