miércoles, 25 de febrero de 2009



A un ángel le pregunte,
¿Cuál es el peor castigo?
Y el ángel me respondió:
Que entregues tu corazón
Y las puertas estén cerradas.
Que entregues tu alma
Y no haya brillo en sus ojos.
Que entregues tus besos
Y roces unos labios fríos.
Que entregues tus manos
Y te encuentres siempre caída.
Que entregues tu sonrisa
Y no te reflejes en su rostro.
Que entregues tus caricias
Y no recibas un calido abrazo.
Que entregues tu llanto
Y no tengas consuelo.
Que entregues tus sueños
Y no exista futuro.
Que entregues tus palabras
Y obtengas un vacío.
Que entregues tu integridad
Y ganes debilidad.
Que entregues tu espalda
Y cargues con tu lamento.
Que entregues tu oído
Y no existan palabras.
Que entregues tu olfato
Y no haya fragancia.
Que entregues tu cuerpo
Y no haya valor.
Que entregues tus pies
Y camines un desierto de agonía.
Tu me preguntas:
¿Cuál es el peor castigo?
Y yo te respondo:
“Querer y no ser querido”

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